Emociones en tiempos de COVID-19

3.EMOCIONES en tiempos de COVID - Terapia Gestaly Gay

El nuevo estado de alarma y más concretamente el toque de queda, no por esperado ha sido menos impactante.

Cuando todavía no nos hemos recuperado del primer confinamiento y no alcanzamos a evaluar el impacto que esos meses han dejado en nosotros, nos llegan nuevas medidas que, para protegernos, restringen nuestras libertades y modulan nuestras costumbres.

El fantasma de un nuevo confinamiento planea sobre nuestras cabezas y almas proyectando sombras de incertidumbre, miedo, rabia e incredulidad. ¿Las puedes ver?

El análisis sobre el momento actual se puede abordar desde diferentes visiones: filosófico, sanitario, político, económico, etc. Podemos hablar de cómo afecta a diferentes segmentos de la población según el estrato socio-económico, de si las medidas son las adecuadas o no, de cómo afectará al futuro de las pequeñas empresas o de si es una oportunidad para un cambio de ciclo.

Pero yo voy a hablar de emociones

Así de entrada, ante la duda de si lo que siento es normal, la respuesta de primeros auxilios siempre es sí. Si lo sientes, lo piensas, es porque en ese momento es lo que mejor sabes hacer, es lo que mejor te puedes procurar a ti mismo en este momento.

Estamos viviendo unos momentos que se parecen más a una película apocalíptica de Hollywood que a cualquier otra vivencia real anterior. Por ello muchos nos encontramos con dificultad de tener claridad emocional, de saber si lo que sentimos es normal, si es lo que toca, si es racional.

Una vez que subimos estas dudas del box de urgencias a la planta de observación, podemos hacer más pruebas y tomarnos más tiempo para ver los resultados de las analíticas. Entonces, seguramente veremos que el diagnóstico es confuso y que probablemente el malestar no se debe únicamente a una sola causa, sino que es multifactorial. Leamos el informe.

Niveles altos de Incredulidad

La información evoluciona muy deprisa y en muchas ocasiones en sentido contrario. Estamos viviendo algo que si nos lo hubieran contado hace solo un año no nos lo hubiéramos creído. Tiene tintes de irrealidad porque no es conocido, nadie vivo recuerda algo similar, es algo absolutamente nuevo. Es normal que estés como en estado de shock, en un estado como de incredulidad, no te puedes creer que esto esté pasando.

Por otro lado uno de los mecanismos de evitación más comunes y fáciles de detectar es el de la deflexión. Esto es que cuando algo es demasiado intenso o doloso como para sostenerlo la emoción se desconecta, sea con sueño, pensando en otra cosa o con risa (¿nunca has estado en una situación súper tensa y que te de un ataque de risa?). Pues es posible que parte del atontamiento que tengas en algún momento se deba a que la situación provocada por la COVID-19 te supere y simplemente, desconectes.

¿Lo haces habitualmente?

Altos índices de ira

Reuniones de un máximo de 6 personas, cierran bares, restaurantes y discotecas, conciertos sin bailar, todo el día con mascarilla, toque de queda a las 22h pero, eso sí, debes ir cada día a trabajar en un transporte público lleno de gente y ves cómo las personas de las altas esferas se dan banquetes de lujo con la asistencia del Ministro de Sanidad. ¡Es una situación de mierda, joder! ¿Cómo no enfadarse?

La sensación de que te quitan todo lo bueno y sostener esa frustración no es fácil. La ira es la forma que tenemos de defendernos ante injusticia, es la forma que tenemos de defender nuestro territorio, de marcar nuestros límites al otro. Además la ira activa más que cuatro Redbulls, nos pone en movimiento. Ahora estamos bajo amenaza, tanto del virus como de las medidas antivirus, la rabia puede ser en muchos casos el pellizco que nos haga seguir adelante, mantenernos en pie, el seguir luchando.

La ira es la forma que tenemos de defendernos ante injusticia

Y aun así también es una oportunidad para mirarnos un poco más a fondo: ¿Cómo es tu relación con la autoridad, padres, jefes, superiores? ¿Cómo gestionas normalmente la frustración? ¿Cómo llevas que te digan lo que debes hacer? Mira si hay algún tipo de patrón o paralelismos, quizás haya alguna información interesante para ti.

Indicadores de Miedo

Te puedes infectar tú, pueden enfermar los tuyos o incluso morir.  Quizás tu puesto de trabajo peligre y seguro que la economía se va a resentir y mucho. Parece que llega un nuevo orden mundial y nadie asegura que vaya a ser mejor. Hay muchas noticias que apuntan a un nuevo confinamiento, lo que significa, en muchos casos, volverlo a pasar mal.  El virus se propaga a sus anchas, está en todas partes. Estamos en un escenario absolutamente desconocido. Es un poco como una peli de miedo ¿no?

El miedo sirve para protegernos, es la prudencia, el indicador de que el peligro acecha. El miedo nos activa para poder huir, salir por patas, es el impulso a meterse en la cueva ante el peligro. El miedo nos mantiene con vida.

Pero el miedo también nos puede paralizar, la estrategia de hacerse el muerto por si viene un león no siempre es buena estrategia. Un exceso de prudencia nos inmoviliza. Un exceso de miedo nos vuelve paranoicos, magnificando los riesgos o incluso viendo peligros donde no los hay.

El riesgo cero no existe. Con la pandemia he visto paralelismos con cómo nos protegemos de las enfermedades de transmisión sexual. Sólo la abstinencia total tiene protección total. Cada uno decide que riesgos toma: ¿Besar? ¿Lamer? ¿Chupar? ¿Penetrar? Etc.

El reto está en conjugar el innato instinto de protección con asumir que nuestras vidas deben seguir.

Curva de la tristeza creciendo.

Quizás has perdido algún ser querido, has oído mil historias de familiares que no se han podido despedir de sus seres queridos. Has perdido algo muy preciado, has perdido parte de tu libertad, no puedes viajar, no puedes celebrar, no puedes salir. Hemos perdido muchas cosas y parece que vamos a perder muchas más.

Estamos de duelo por lo perdido. La tristeza nos ayuda a parar, a recuperarnos, a curar las heridas y a tomar aliento para luego poder seguir.

¿Cómo has gestionado otras pérdidas? ¿Eres capaz de ver y celebrar lo que sí tienes?

Diagnóstico

Todas las emociones que sientes son normales, naturales y deseables. Estamos viviendo una situación muy extrema y por tanto es lógico que nuestras emociones también lo sean.

¿Esto significa que te estoy aconsejando dejarte arrastrar por tus emociones sin más? No. Es muy probable que tu biografía haga que emerjan unas emociones y que inhibas otras. La fuerza de estas emociones también dice mucho de ti y de cómo gestionas normalmente las emociones.

Tratamiento

Mi consejo, si me lo permites, es doble:

  1. Por un lado da la bienvenida a las emociones que te surjan. Abrázalas, son tu guía en este viaje adaptativo y te chivarán en qué momento estás. Acepta la emoción que venga. No hay nada que las enganche más que estar peleado con ellas, desde la aceptación será mucho más fácil gestionarlas.
  2. No te aferres a tus estados de ánimo. Deja que lleguen, les das la bienvenida y luego apártate y observa. Una cosa es entender que es natural estar enfadado y otra muy distinta ir por la vida cortando cabezas. Una cosa es desconectar algún rato para descansar y otra muy distinta vivir ajeno a la situación mundial. Una cosa es concederte el descanso que te pide la tristeza y otra muy distinta no salir de la cama en días.

Toma distancia y aprende. Hazte estas preguntas: ¿Estoy cumpliendo algún patrón? ¿Qué me dice esto de mi?

No hay nada que las enganche que estar peleado con las emociones, desde la aceptación será mucho más fácil gestionarlas.

Más consejillos para mejorar este equilibrio

  • Hábitos saludables de vida: duerme bien, cuida la comida, modera el alcohol y drogas, haz ejercicio físico.
  • Medita. Con 5 minutos cada día es suficiente si no tienes costumbre.
  • Curiosidad, ¿Qué puedo aprender de mi en estas circunstancias?
  • Desconecta del tema coronavirus: dosifica el tiempo que le dedicas a informarte y limita el tiempo que ocupa en tus conversaciones.
  • Date momentos de alegría y celebración.
  • Si sientes que lo necesitas busca ayuda profesional.

El equilibrio entre aceptar las emociones y no dejarse arrastrar por ellas no es fácil, no hay un camino único ni fórmula mágica. Requiere observación constante y reajuste continuo. Son tiempos difíciles, cuida, cuídate y déjate cuidar.

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