Terapia Gestalt Crecimiento personal. Necesidades específicas gays

¿Ser gay es una enfermedad?

No.

¿Me tengo que tratar por ser gay?

Tampoco.

Entonces, ¿por qué un terapeuta especializado en gays?

En general la necesidad de ir a terapia siempre es la misma Crecimiento personal y/o gestión de situaciones que generan malestar. Esta necesidad es común para todas las personas, sin diferenciar género, identidad, edad, color, altura o lo que sea.

Lo común es la búsqueda de equilibrio y bienestar, lo que es diferente es la fuente que nos genera el desequilibrio y malestar. A su vez es esta fuente generadora de malestar la que une a colectivos. Cada grupo humano tiene sus propias vivencias específicas que pueden matizar la necesidad de ir a terapia. Por ejemplo, cualquier persona (por no decir todas) puede tener algún asunto pendiente con sus padres, pero si además eres LGTBI+ es altamente probable que estos asuntos pendientes tengan algo que ver con la gestión de la aceptación y reconocimiento por parte de tus padres y por ende de ti mismo.

El hecho de ser gay no comporta per se ninguna anomalía, enfermedad, deficiencia o consecuencia negativa. No hay ninguna enzima o cromosoma que nos condene a los gays a la tristeza, a la compulsión sexual, a la angustia o a ningún otro comportamiento, sea «positivo» o «negativo».

Lo que condiciona la necesidad de terapia de un gay no es ser gay, si no el hecho de haber crecido en un entorno homófobo que nos ha inoculado la creencia de que ser gay es malo, que hay que rechazar al gay. Este triste barniz tiñe nuestras relaciones y nuestras emociones. (¡A tope con la autoestima!)

Algunos gays hemos crecido en una familia homófoba y todos en una sociedad homófoba. Así pues todos hemos crecido con el mensaje de que ser maricón es lo peor que se puede ser en este mundo, que los mariquitas son ridículos, blanco de todas las burlas y que los gays solo piensan en follar y en drogarse. Incluso en los entornos más avanzados el mensaje imperante encuentra rendijas por donde colarse, así que hemos sufrido el machaque constante de que la norma es la heterosexualidad y que todo lo demás es “mal”, “menos”, ”enfermo”, “ridículo”.

Además…falta de referentes

Todo ello acompañado con la la mejor guarnición, la absoluta falta de referentes normalizados. No solo nos han dicho que somos lo peor, si no que además no hemos tenido ni un solo ejemplo positivizado del cual aprender. Esto, además de reafirmar la idea principal de rechazo, nos deja en una situación de indefensión inmensa, casi casi de orfandad. Una de las principales vías de aprendizaje es la imitación y la heterosexualidad tiene en exclusiva todos los modelos a los cuales seguir, un amplio abanico de posibilidades. En cambio los gays no tenemos referentes y por tanto simplemente el mundo no nos ha enseñado cómo es ser “amigo gay”, “novio gay”, “adolescente gay”, o “lo que sea gay”.

Hemos tenido que improvisar, crear una forma de ser basada en la realidad hetero que no es la nuestra y que además nos rechaza.

Crecer con este panorama, creyendo ser menos, con miedo a ser descubierto o a sufrir una agresión, luchando por ser aceptado y sin ningún referente ha dejado un poso en nuestro ser que bien merece una mirada concreta, ¿no?

¿Cuales suelen ser la principales consecuencias?

  • Desánimo o apatía.
  • Tendencia a la tristeza.
  • Dificultad para entablar relaciones sanas con otras personas, sean amorosas o de amistad.
  • Fijación por el sexo y/o drogas.
  • Hipersusceptibilidad.
  • Autoestima baja.

¿Qué más podemos trabajar en terapia?

  • Salir del armario.
  • Aceptación plena de la propia homosexualidad (¡y la ajena claro!).
  • Relaciones familiares.
  • Relaciones de pareja.

Y ¿ de qué me sirve que mi terapeuta sea gay?

En Gestalt la resonancia y empatía del terapeuta es una de la herramientas más importantes. Si el terapeuta ha lidiado con tus mismas experiencias, si tu sufrimiento y disfrute tienen lugares comunes con él, seguramente el proceso terapéutico se nutre de esa coincidencia.

Yo como gay puedo aportar mi propia experiencia y sensibilidad respecto a todo lo que te ocurra. Como gay aporto también, todo lo que mi círculo de amigos gays ha vivido y me ha contado. Además como terapeuta especializado en hombres gays acumulo experiencia en casos que tengan  algo en común con el tuyo.

Un terapeuta gay (yo) no solo te aportará desde experiencias comunes, también aportará un lenguaje común: grinder, cruising, activo, pasivo, versátil, orgullo, lavativa, la Metro, ambiente, musculoca, sauna, popper, Punto, oso, lubricante, PrEP y un largo etcétera. No solo consiste en saber qué significan estas palabras, sino en saber QUÉ SIGNIFICAN, qué implican, qué representan, en qué afectan.

Si el proceso terapéutico es un viaje interior, ¿ no prefieres un compañero que haya estado en paisajes parecidos? Si el terapeuta Gestalt es un compañero de viaje ¿no será interesante que habléis el mismo idioma?

Este reportage de Informe semanal de1981 ilustra en que ambiente hemos crecido: